ENTREVISTA A ALEJANDRO SEWRJUGIN

Alejandro Sewrjugin es hacktivista, emprendedor social, autor y profesor universitario. Creador de una nueva teoría del valor que impulsa una Economía Global Sostenible e Inclusiva, bajo una perspectiva humana; buscando contribuir a alcanzar los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas para su Agenda 2030. Está presente en la Mesa: AMBIENTE Y DESARROLLO PARTE 1: RESPUESTAS DESDE LAS NUEVAS ECONOMÍAS.

En el contexto actual, ¿Por qué es importante hablar de Derecho y Políticas Ambientales? 

Creo que en cuanto a Derecho, necesitamos resignificar esa palabra. Le hemos dado sólo una connotación en cuanto tiene que ver con un conjunto de normas y principios, enfocado sobre todo a la regulación y control de nuestras relaciones humanas. Necesitamos ampliar ese concepto, dándole un marco conceptual mucho más amplio, que tenga que ver con el Derecho a la preservación de nuestra forma de vida y la biodiversidad hacia las generaciones futuras. Y es en este sentido, que continuar con un sistema punitivo, no hará la transformación que tanto necesitamos llevar a cabo. Necesitamos un sistema propositivo y facilitador para que las situaciones de cambio ocurran. Y para ello, necesitamos alinear los incentivos de forma correcta. Y en el mismo sentido, las políticas ambientales necesitan de un cambio de visión, de cómo alinear los diferentes actores hacia la solución de los problemas, y no sólo a la forma de morigerar los procesos que los provocan. Esto no ha dado el resultado necesario en décadas, y una nueva visión en cuanto a ellas es necesaria, para que su impacto pueda ser disruptivo y con velocidad exponencial -cambios lineales ya no son una solución posible. 

¿Por qué es importante adoptar nuevos paradigmas económicos para preservar el medio ambiente? 

Porque la forma en que pensamos la economía es una de las principales causas por las cuales el medio ambiente se ha visto afectado profundamente, con un impacto muy acelerado en la vida del ser humano y otras especies en los últimos 30 años. Pero, además, hoy sabemos que en nuestro planeta hubo cinco extinciones masivas de formas de vida en el pasado. Es de esperar que haya una sexta -producto de nuestra acción, más procesos propios de nuestro planeta o algún otro evento cósmico-. También empezamos a dilucidar qué planetas en la “zona habitable” de nuestro sistema solar, como lo son Venus y Marte; han tenido un pasado de habitabilidad similar al nuestro, y lo han perdido. Necesitamos entonces ampliar la visión de lo que significa la economía para nosotros los seres humanos y nuestro medio ambiente, pasando de sólo pensarla como la forma de satisfacer necesidades humanas, mediante la producción de bienes y servicios a ser consumidos de forma individual en un ambiente de mercado; para pasar a una forma mucho más amplia y abarcativa, donde la economía sea el eje de cuidar las formas de vida en este planeta y su habitabilidad en el largo plazo -orientando el desarrollo tecnológico hacia ese propósito. 

¿Cómo podemos definir a la Economía Phi? 

Es una economía que busca la habitabilidad del planeta en el corto, mediano y largo plazo; tanto para los seres humanos, como para otras formas de vida. Una economía sostenible e inclusiva, en sentido amplio. Y para ello se vale de tres conceptos fundacionales: entender la verdadera naturaleza del dinero, no ya sólo como un mecanismo de facilitación del mercado; sino como un motor central en la manera en que desarrollamos nuevas tecnologías hacia esta habitabilidad. Donde los 7.700 millones de ciudadanos del mundo son necesarios y los que mediante sus cambios de hábitos y acciones cotidianas pueden construir ese presente y futuros sostenibles. Y en este sentido, es clave comprender que el dinero se emite por un hecho generador humano, por un valor previo -bien tangible o intangible- al cual pasa a representar -certificado de dicho valor-. En la medida que sigamos emitiendo moneda como deuda, seguiremos fomentando una carrera por producir más y más bienes materiales, sin un verdadero sentido detrás -solo por la necesidad de poder acceder a un ingreso económico, o lograr una ganancia económica-. Es una trampa en la cual estamos sumidos en estos momentos de la humanidad, de difícil salida -si no comprendemos esto-; y donde la pandemia del COVID, lo está haciendo cada día más patente. 

El segundo pilar es dejar de hablar de crecimiento económico, para pasar a hablar de progreso humano -lo que amplía ese horizonte de mera producción-venta; para pasar a esa visión amplia de asegurar las formas de vida en la Tierra. Y el tercero, es dejar de hablar de creación de empleos, para pasar a hablar de la creación de formas de ingreso. El empleo es una asimetría de poder, que de forma automática genera la piramidalización de la riqueza y de una distribución cada vez más inequitativa del valor creado en la sociedad. Hablar de ingresos implica una visión centrada en el ser humano, donde pensamos formas de aportar valor al conjunto humano y los propósitos que perseguimos como sociedad global. Economía PHI, para finalizar, propone de forma teórica-práctica en esa nueva visión, de cómo alinear los incentivos del sistema hacia los Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y nuevos propósitos globales proactivos que necesitamos empezar a debatir a escala global. Que no nos una solo el “miedo”, sino que también nos conecten objetivos importantes y positivos que queremos lograr como especie. 

¿Qué beneficios aporta a la sociedad la llamada Economía de Propósitos? 

La Economía de los Propósitos hace foco en transformar empleos en ocupaciones. Estas son actividades humanas que se enfocan en objetivos en común, que agrupan a ciudadanos del mundo en pos de alcanzarlos. Se deja de lado el concepto de la necesidad de “jubilarnos” de un trabajo, porque se pueden hacer toda la vida. Se vuelve obsoleto ese concepto. Son ocupaciones que conectan con los propósitos individuales y en su sumatoria, con propósitos en común -aquí si es la “mano invisible” realmente que tanto se habla de Adam Smith, aunque lo mencionó solo una vez en sus escritos-. John Maynard Keynes, por otro lado, en un ensayo denominado “Las Posibilidades Económicas de Nuestros Nietos” (1930) veía el “fin del trabajo”1 en 100 años -por el incremento de la eficiencia y la lógica inherente de automatización en los procesos de mercado, donde según el decía “resolveríamos el problema económico”, es decir, la necesidad de tener que “trabajar” para poder subsistir. Pero veía avecinarse un problema mucho mayor: la falta de propósito, de sentido de la vida. Somos educados desde muy pequeños para ir dejando nuestros sueños de lado, nuestra individualidad y diferenciación; para convertirnos a un pensamiento y cultura estándar; y ser parte de un mercado laboral, donde no sólo se venden productos y servicios; sino que nosotros mismos nos “vendemos” a través de un curriculum vitae. Diferentes estudios sobre la satisfacción laboral en las últimas décadas indican que aproximadamente un 70% de la población mundial está disconforme con la tarea que realiza. Facundo Cabral, nuestro querido cantautor y filósofo dijo alguna vez en sus versos: “Amigo, mire si será malo el trabajo, que nos pagan por hacerlo”. La búsqueda de ingresos, que se torna cada vez más difícil por la lógica de emisión monetaria en todo el mundo, necesita ser transformada. La Economía de Propósitos busca revertir esa situación, y propone recuperar esos sueños perdidos para permitir a cada ser humano de este planeta expresar al 100% todo su ser y volcar a la sociedad todo el potencial que está dentro de cada persona. En poder lograr esto, estarán las respuestas a todos los desafíos que enfrentamos -y enfrentaremos- como sociedad global. 

¿Qué rol cumplen las criptomonedas en los nuevos paradigmas económicos? 

Sin dudas que las criptomonedas son el eje fundamental y el pilar donde se asentarán estas nuevas propuestas de alcanzar una economía global sostenible e inclusiva. La tecnología subyacente de las criptomonedas, la Blockchain, nos permite crear un nuevo tipo de modelo organizacional, con enfoque colaborativo e inclusivo. Estos modelos de organizaciones autónomas descentralizadas nos permitirán distribuir la riqueza -como expresión del valor humano creado- de forma directa, en el mismo momento de su creación. Nos permitirá salir de esta lógica de regulación, control y punitivismo. Para pasar a una lógica propositiva, donde los Estados ya no necesiten extraer dinero del mercado por impuestos al trabajo y la renta; sino que se convertirán en facilitadores de que cada ser humano pueda cumplir sus propósitos -recibiendo un porcentaje de cada moneda emitida por propósitos hacia los Objetivos del Desarrollo Sostenible y otros nuevos a incorporar; de los ciudadanos de su país-. Y esto ya está ocurriendo, hay iniciativas -que en algunos casos ya tiene algunos años de recorrido- que impulsan esta nueva idea: criptomonedas que pueden obtener los ciudadanas globales por generar su propia energía limpia y renovable; por aportar a la búsqueda de cura de enfermedades; por reciclar productos plásticos; por hacer ejercicio físico para mantenerse más sanas; por ayudar a crear justicia -resolución de disputas-. Hay otras iniciativas que han comenzado a aportar un Ingreso Básico Universal a la población global…Y esto es solo el comienzo -similar a lo que ocurrió en el nacimiento de internet-. Falta acompañar con el proceso educativo, que en vez de formar trabajadores, forme ciudadanos enfocados en descubrir e innovar en propósitos humanos -individuales y globales-. Sin dudas, estamos inmersos en un cambio de era, y es necesario un cambio en la forma en que nos vemos a nosotros mismos, nuestros semejantes y nuestro entorno. De poder realizar ese cambio de mentalidad, estarán también las chances de poder alcanzar esa habitabilidad. La tecnología ya está disponible, esperemos estar a la altura de este gran desafío.

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